Si alguna vez has pensado que tu smartphone graba cada palabra que dices, respira: relájate (un poco).

Ese momento incómodo en que hablas sobre un viaje, una cámara nueva o algún producto raro y, de repente, ¡zas!: aparece un anuncio justo sobre eso en tus redes sociales. Parece sacado de una película de espionaje, pero la realidad es distinta (y quizá más inquietante).
La verdad es que tu smartphone no está grabando tus conversaciones de forma constante y oculta. A menos que tengas un malware muy específico o seas objeto de una intervención directa, tu móvil no está registrando lo que dices sin permiso. Esa idea de que Apple, Google, Meta o cualquier otro gigante tecnológico escucha todo lo que hablas con el micrófono siempre encendido es un mito y además tampoco lo necesitan.

Entonces, ¿por qué aparecen anuncios tan acertados?

Aquí está la trampa: no es el micrófono, son tus datos. Cosas como:

  • Tu historial de navegación, búsquedas y actividad en redes sociales.
  • Likes, clics y el contenido que consumes en apps.
  • Información de ubicación, contactos o hábitos de uso.
  • Incluso aplicaciones que hacen capturas de pantalla automáticas de tu actividad para enviarlas a empresas de publicidad.

Con todos esos fragmentos, los algoritmos pueden predecir qué te interesa e incluso lo que probablemente hablarás, sin necesidad de escucharte directamente.

No se trata de micrófonos espías, sino de cadenas de datos que crean una imagen muy precisa de lo que nos interesa, pensamos o hablamos… incluso aunque no lo digamos en voz alta. ¿La moraleja? Nadie te está oyendo, pero sí podrían estar echándole un vistazo curioso a tu pantalla.

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